En las afueras del Centro de Malinalco se ubican las capillas de los distintos barrios de la comunidad. Todas ellas en los siglos XVI y XVII. Por el hecho de que cada una de estas capillas es una obra de arte particular, conocerlas todas puede ser el pretexto perfecto para recorrer a pie las calles más importantes de Malinalco. Incluso, cada una de estas capillas tiene su propia celebración, misma que se acompaña de antojitos, danzas, tradiciones y fuegos artificiales.

Buena parte de las capillas de Malinalco se encuentran al sur del templo del Divino Salvador, siguiendo la calle Benito Juárez. En primer lugar tenemos la capilla de Santa María y luego están las de San Pedro, San Guillermo, San Martín, La Soledad y San Andrés.

Dos cuadras hacia el norte del convento se encuentra la Capilla de San Juan, con relieves en donde se observa la figura de un fraile agustino y del encomendero local Cristóbal Romero. Un poco más lejos aparece la Capilla de Jesús María, en la comunidad del mismo nombre.

Dos cuadras hacia el norte del convento se encuentra la Capilla de San Juan, con relieves en donde se observa la figura de un fraile agustino y del
encomendero local Cristóbal Romero.

Un poco más lejos aparece la Capilla de Jesús María, en la comunidad del mismo nombre.

Al poniente del convento, justo en la ruta hacia el sitio arqueológico se levanta la Capilla de Santa Mónica, la cual, aunque ha sido objeto de algunas alteraciones en los últimos doscientos años, sigue teniendo una admirable estampa.

Son muy interesantes las fiestas de las capillas de cada barrio, puesto que se encuentran impregnadas de tradición y misticismo.

Como anécdota adicional, cabe recordar que fue en Malinalco donde le informaron al emperador Moctezuma que habían llegado unos misteriosos hombres, barbados y blancos, a las costas del oriente de su imperio. Moctezuma creyó que se trataba del dios Quetzalcóatl y su séquito, pero en realidad se trataba de Hernán Cortés y sus ejércitos.